El overtourism se ha convertido en uno de los grandes retos del turismo mundial. Ciudades y destinos que durante años trabajaron para atraer cada vez más visitantes ahora se enfrentan a una nueva pregunta: ¿cómo recibir turistas sin que las multitudes terminen afectando la vida de quienes viven allí, el patrimonio, el ambiente y la propia experiencia del viajero?
El tema volvió a cobrar fuerza durante septiembre de 2026, cuando diferentes destinos anunciaron o pusieron en marcha medidas para controlar el número de visitantes, reducir la presión sobre determinadas zonas y buscar una distribución más equilibrada del turismo.
Y lo interesante es que no existe una única solución.
Algunos destinos están cobrando tarifas. Otros limitan los alquileres turísticos, controlan los cruceros, utilizan reservas con horarios específicos o incluso cierran temporalmente lugares especialmente frágiles.
La pregunta es: ¿funcionan estas medidas?
¿Qué significa realmente overtourism?
Antes de hablar de soluciones, vale la pena entender el problema. Overtourism, o sobreturismo, no significa simplemente que haya «muchos turistas». Esto describe situaciones en las que la cantidad o concentración de visitantes empieza a generar problemas importantes para un destino y sus residentes.
Puede manifestarse de diferentes maneras: calles y atracciones saturadas, presión sobre el transporte y otros servicios públicos, exceso de residuos, contaminación, deterioro de espacios naturales, aumento de los precios de la vivienda y pérdida de calidad de vida para los residentes.
Y también puede afectar a los propios viajeros. Después de todo, visitar una ciudad histórica para terminar caminando entre multitudes, haciendo largas filas y sin poder disfrutar tranquilamente de sus principales lugares de interés no es exactamente la experiencia que imaginamos cuando planeamos unas vacaciones. Razón por la que siempre intento viajar en temporada baja ya por menos turistas y suele ser más económico.
Pero también puedo poner como ejemplo, hasta hace unos 8 años (aprox.), recuerdo que siempre decía que Walt Disney World era mejor visitar en septiembre, final de enero y febrero. Entre los años 2015 y 2021 vivía cerca de esa área. Podía ver como el tráfico empeoraba, los parques cada vez se llenaban más que no importaba si era febrero o septiembre. Obviamente los precios de vivienda aumentaron. Y creo que no importa que tanto aumenten los tickets de los parques, la cantidad de visitantes sigue creciendo.
Por eso, cada vez más destinos están intentando pasar de una idea de «más turistas es siempre mejor» a una conversación sobre qué tipo de turismo puede funcionar mejor para todos.
Venecia: pagar para entrar
Probablemente uno de los ejemplos más conocidos sea Venecia. La ciudad italiana comenzó en 2024 a experimentar con una tarifa para determinados visitantes que llegan por el día durante las fechas de mayor concentración turística.

Durante 2026, el sistema funcionó en días seleccionados entre abril y julio, con una tarifa que normalmente oscilaba entre 5 y 10 euros. Y ahora Venecia está considerando aumentar considerablemente ese importe.
Según información publicada el 21 de septiembre, las autoridades venecianas están estudiando elevar la tarifa hasta unos 30 euros para determinadas visitas de un solo día. El objetivo sería utilizar el precio como una herramienta adicional para gestionar los flujos de visitantes durante los períodos más congestionados. (Reuters)
Durante el período de aplicación de 2026 se vendieron casi 680.000 entradas y se recaudaron más de 5,2 millones de euros, según las autoridades.
Pero aquí aparece una pregunta interesante: ¿una tarifa de unos cuantos euros realmente consigue que alguien cambie de destino? Los expertos no están completamente convencidos. Y aquí repito lo de los parques de Disney World en Orlando… no importa que tanto hayan aumentado en los últimos 3-4 años, más extras que hay que pagar (como el Lighting Lane, estacionamiento o comidas), el turismo sigue creciendo y los parques siempre están llenos.
Un análisis publicado en septiembre por ABC News señala que los impuestos turísticos pueden generar ingresos para el destino, pero no necesariamente solucionan por sí solos las causas del sobreturismo. (abc.net.au) Mi opinión: ¡Exactamente!
Barcelona: limitar los alquileres turísticos
Barcelona está utilizando otra estrategia.

La ciudad anunció que eliminará progresivamente las licencias de más de 10.000 apartamentos destinados al alquiler turístico de corta duración para noviembre de 2028.
La medida está relacionada principalmente con la preocupación por el acceso a la vivienda para los residentes, pero también forma parte de un debate más amplio sobre cómo gestionar el turismo en una ciudad que recibe millones de visitantes. El objetivo es que determinadas viviendas vuelvan al mercado residencial.
Y aquí el problema se vuelve mucho más complejo que simplemente contar turistas.
Porque cuando un destino recibe muchísimos visitantes, no solamente aumentan las filas frente a los monumentos. También pueden cambiar los precios de la vivienda, el tipo de negocios que existen en determinadas zonas y la vida cotidiana de quienes viven allí.
Amsterdam: menos cantidad, más equilibrio
Amsterdam ha adoptado un enfoque particularmente interesante.
La ciudad ya no está enfocando su estrategia turística únicamente en atraer más visitantes.
Su programa de “Turismo en Equilibrio” busca controlar la cantidad de noches que los visitantes pasan en la ciudad y conseguir que el turismo se distribuya mejor entre diferentes zonas.

La ciudad también está trabajando para reducir determinadas actividades asociadas con el turismo de fiesta, limitar algunos tipos de alojamientos y reducir el impacto de los cruceros.
El objetivo declarado es bastante sencillo: que los visitantes sigan siendo bienvenidos, pero que el turismo no termine afectando de manera desproporcionada a los residentes.
La ciudad incluso ha cambiado el mensaje con el que presenta Amsterdam al mundo, intentando alejarse de la imagen de destino de fiesta y promocionar más su cultura, sus barrios, creatividad, historia y vida local. (amsterdam.nl)
Dubrovnik: controlar la llegada de cruceros
Si has viajado por Croacia, probablemente no te sorprenda encontrar a Dubrovnik en esta conversación.
La hermosa ciudad amurallada recibe alrededor de 1,5 millones de visitantes al año y durante mucho tiempo ha tenido que lidiar con grandes concentraciones de turistas, especialmente cuando coinciden varios cruceros.
Dubrovnik ha estado trabajando para gestionar mejor el número de visitantes que llegan al mismo tiempo, incluyendo límites a las llegadas de cruceros, herramientas digitales para gestionar los flujos turísticos y proyectos para proteger espacios verdes.
La idea no es cerrar la ciudad al turismo, sino evitar que demasiadas personas lleguen al mismo lugar exactamente al mismo tiempo. Y esto puede ser especialmente importante en ciudades históricas donde las calles, plazas y monumentos tienen una capacidad física limitada.
También el hecho de que hay lugares, como Dubrovnik, que son conocidos por películas o series de TV famosa, entonces los fans quieren conocer. Cuando visité en el 2018, habían avisos por todos lados para hacer tours de Games of Thrones y hasta de Star Wars.

Maya Bay: cuando cerrar es parte de la solución
En Tailandia encontramos un ejemplo todavía más drástico.
Nuevamente regresamos a películas, Maya Bay, famosa mundialmente después de aparecer en The Beach, sufrió durante años las consecuencias del enorme crecimiento del turismo.
La zona llegó a cerrar durante varios años para permitir la recuperación del ecosistema.
Actualmente existen restricciones importantes para las visitas. Entre ellas se encuentran límites diarios de visitantes, tiempo limitado en la bahía y restricciones para nadar, además de reglas relacionadas con el acceso de embarcaciones.
El cierre temporal de un destino puede parecer una medida extrema. Pero en lugares naturales especialmente frágiles, puede ser una de las herramientas disponibles cuando la presión turística supera la capacidad del ecosistema para recuperarse.
Y también está «redes sociales»… he visto varios videos de personas, nada más por ese «like» se lanzan al agua cuando se sabe que es prohibido.
Costa Rica también está poniendo límites
El concepto de capacidad turística no solamente aplica a las grandes ciudades europeas.
En Costa Rica, por ejemplo, el Parque Nacional Corcovado ha estado ajustando la cantidad de visitantes permitidos en la Estación Biológica Sirena.
En septiembre de 2026 se elevó nuevamente el límite diario hasta 366 personas, después de trabajos para solucionar problemas relacionados con el sistema de tratamiento de aguas residuales. De esa cantidad, 230 espacios corresponden a visitantes de un día y 105 a personas que se hospedan durante la noche. (Tico Times)
Aquí vemos otro enfoque del mismo problema: determinar cuántas personas puede recibir un lugar sin poner en riesgo la infraestructura necesaria para mantenerlo funcionando adecuadamente.
¿Y qué pasa con los aeropuertos?
Aquí aparece una de las contradicciones más interesantes del debate.
Mientras algunas ciudades están intentando reducir o controlar la cantidad de turistas, varios aeropuertos en destinos europeos continúan ampliando su capacidad para recibir más pasajeros.
Venecia, Barcelona y Mallorca son algunos de los ejemplos analizados recientemente. Aquí en Orlando puedo decir que el aeropuerto agregó un terminal nuevo para aceptar más vuelos, más lineas y obvio, más turistas.
Por un lado, las autoridades locales quieren reducir la presión causada por las multitudes. Por otro, las infraestructuras aeroportuarias se preparan para un crecimiento continuo de la demanda de viajes.
Esto plantea una pregunta bastante difícil: ¿Cómo puede un destino limitar el sobreturismo mientras continúa aumentando su capacidad para recibir visitantes?. No creo que exista una respuesta sencilla.
¿Funcionan realmente estas medidas?
Aquí viene la parte complicada. No todas las estrategias funcionan de la misma manera y algunas todavía están siendo evaluadas.
Una tarifa turística puede generar dinero para conservar un destino, pero quizás no sea suficiente para convencer a alguien de cambiar sus vacaciones. Está el «ah bueh, 10$ extra, está bien» o «50$ extra por ticket… pero mira todo lo que podemos hacer».
Un límite de visitantes puede proteger un espacio natural, pero también significa que algunas personas tendrán que reservar con mucha anticipación o buscar otra fecha.
Limitar los alquileres turísticos puede ayudar a liberar viviendas, pero también afecta a propietarios y negocios relacionados con el alojamiento.
Y cerrar temporalmente un lugar puede permitir que un ecosistema se recupere, pero representa un impacto económico para quienes viven del turismo. Por eso, muchos especialistas consideran que el problema no puede resolverse con una sola medida.
Un informe publicado por Travel Weekly en septiembre agrupó las estrategias contra el overtourism en tres grandes categorías: intentar cambiar el comportamiento de los visitantes, cambiar la percepción sobre el impacto del turismo y limitar directamente el número de visitantes. (Travel Weekly)
En otras palabras, no se trata solamente de decir «menos turistas». También se trata de preguntarnos cómo, cuándo, dónde y por qué viajamos.

¿Qué puede hacer el viajero?
El problema del sobreturismo no depende únicamente de gobiernos, ciudades o empresas turísticas.
Los viajeros también podemos tomar algunas decisiones sencillas. Una de las más efectivas es evitar concentrar todas nuestras actividades en las horas y lugares de mayor demanda.
Viajar en temporada baja o intermedia puede ayudar a distribuir mejor las visitas. Y ayuda un poco a tu bolsillo 😉
También podemos buscar barrios y atracciones menos conocidos, visitar ciudades cercanas en lugar de concentrarnos únicamente en la más famosa y respetar las reglas establecidas para parques, playas y lugares históricos.
Y hay algo todavía más sencillo: recordar que el lugar que estamos visitando no es solamente un destino turístico. Es también el hogar de alguien. Súper importante recordar ese punto. Respetar las leyes, las normas 🙂
El turismo internacional sigue siendo una actividad enorme y millones de personas quieren descubrir nuevos lugares cada año. Aquí estoy yo y estoy segura que estás tu también. Obviamente que queremos seguir explorando.

La solución probablemente no sea impedir que la gente viaje. El desafío está en encontrar un equilibrio.
Un destino necesita visitantes para mantener hoteles, restaurantes, comercios, museos, operadores turísticos y muchos otros empleos. Pero también necesita conservar aquello que hizo que los viajeros quisieran visitarlo en primer lugar.
- Una ciudad histórica no puede perder su identidad.
- Un parque natural no puede quedar destruido por las personas que llegan a admirarlo.
- Una playa no debería convertirse en un basurero.
- Y los residentes deberían poder seguir viviendo en su propia ciudad.
Por eso, las medidas contra el overtourism que estamos viendo en 2026 pueden representar algo más que nuevas restricciones para los viajeros.
También pueden ser el comienzo de una nueva forma de pensar el turismo.
Quizás el futuro no consista en visitar más lugares, sino en visitar mejor.
Y para quienes amamos viajar, esa no tiene por qué ser una mala noticia.
